Lamento haber sido así contigo, con la
gente que te rodeaba y la forma en cómo terminó todo…
Me odio un poco por eso…
No iba a escribir hoy, pero acá estoy, botando la mierda de todo lo que ha
pasado hasta ahora. De rendirme ante una idea volátil, de aceptar que tengo que
reemplazar todos mis recuerdos por otros y no darle significado a las cosas que
me muestran tu nombre, tus espacios, tus aventuras, tus miedos y tus historias…
Creo que así, será más que difícil, por no decirlo imposible. Estoy afectado,
lo reconozco. Me siento débil y lo estoy. Te extraño y no puedo verte sin
pensar en cómo separar mi actitud y mi afecto hacia ti de otra forma en la que
me sienta tranquilo y tú también…
Es más que pasar tantos años huyendo de todo esto. Soy un cobarde y por primera
vez siento que merezco cada uno de estos momentos…
Sé que tratarme mal arreglará absolutamente nada, pero al menos será mi
recordatorio de lo poco que dejé ver todo este tiempo y de lo mucho que quería
que supieras que siempre, desde que te conocí, fuiste tú y nadie más. Difícil
de creer, pero fácil de lamentar…
Otro viernes escuchando Arjona y Abel amortiguando el nudo en la garganta…
No mires mas a esa mujer, no la mires. No te expongas de nuevo; Vacúnate de una vez contra sus hechizos. Deja de ser el conejo, el sombrero y el público. Permite que se marche, no le dediques ni un segundo más. Afín de cuentas en ti se han quedado esos días, Muchas de sus noches, algunas de sus alegrías. Se irá tan sola como ha llegado, fría y deshabitada; Poseedora de toda su magia, se irá con movimientos calculados, Dando los pasos justos los suspiros precisos, No la mires más, no la mires; Que no se entere nunca, nunca… De todo lo que te costo callar.
27 años después de la muerte de John Lennon, Yoko Ono escribió la siguiente carta:
“Te extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro café
matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu mano tomando
la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada porque nuestra vida
era buena. No tenía idea de que la vida estaba a punto de enseñarme la lección
más dura de todas. Aprendí el intenso dolor de perder a un ser amado de
repente, sin previo aviso, y sin tener el tiempo para un último abrazo y la
oportunidad de decir “Te Amo” por última vez. El dolor y la conmoción de
perderte tan de repente está conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el
lado de John en nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta
que seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
seguirá conmigo por siempre”.
“Te
extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
seguirá conmigo por siempre”. - See more at:
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“Te
extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
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extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
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27 años después de la muerte de John Lennon, Yoko Ono escribió la siguiente carta:
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extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
seguirá conmigo por siempre”.
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27 años después de la muerte de John Lennon, Yoko Ono escribió la siguiente carta:
“Te
extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
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tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
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tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
seguirá conmigo por siempre”.
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27 años después de la muerte de John Lennon, Yoko Ono escribió la siguiente carta:
“Te
extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el
tiempo hasta aquel verano de 1980. Recuerdo todo, compartiendo nuestro
café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu
mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada
porque nuestra vida era buena. No tenía idea de que la vida estaba a
punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso
dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener
el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “Te Amo” por
última vez. El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está
conmigo cada momento de cada día. Cuando toqué el lado de John en
nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que
seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y
seguirá conmigo por siempre”.
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22 sept 2013
Cuando no puedo dormir, escribo tratando de recordar quien soy... Abuso de los puntos suspensivos en los textos y en la vida... no tengo Plan B, y el A nunca funciona...
hoy solo se que quiero un gran gran abrazo... y se que estoy perdiendo las cosas que crei mundanas, y ahora se que amo...
Qué pasaría si un día como hoy
o como mañana te encontrara de frente??
Te mirara a los ojos y acariciara tus mejillas...
Tan cerca que oliera tu pelo y tu cuerpo frente a mí...
Que pasaría??
Qué pasaría si un día hoy o mañana o ahora te encontrara de frente,
y no pasando por otro lado, y no viéndote de lejos??
tomara tu mano, viera tu cara, tus ojos...
Y el corazón a mil por hora
Lo puedo imaginar, lo puedo escribir como lo hago ahora
Que pasaría,
Seria bello, sería tan real
Seria tu cara y tu olor y tu sonrisa y tus ojos, viéndome directo
No quiero saber que pasaría
Porque ese momento es lo que quiero
Muchas veces despierto pensando en ti. Es
absurdo. No ocurría muy a menudo cuando estábamos juntos y ahora apareces como
una imagen que me rodea y en la que me pierdo hasta que poco a poco se disuelve
y el día empieza en verdad, libre ya de tu recuerdo…
Mientras la imagen está presente, no siento alegría ni tristeza, nostalgia ni
arrepentimiento. Nada más estás. Quizá esa es tu fuerza durante esos breves
momentos. Supongo, imagino, porque es probable que a ti te ocurra lo mismo.
Nadie se desprende por completo de su pasado. Pero yo no quiero evocarte, sino
tan solo asentar que muchas veces despierto pensando en ti.
Es imposible vivir solo en el presente. El pasado no permanece como lo que fue,
lo vence el olvido, pero su triunfo consiste en una transformación dentro de la
que sus huellas son mucho más poderosas. Si trato de precisar de qué manera me
despierto pensando en ti; al recordar ese momento tengo que corregirme y
asentar que primero no aparece una imagen sino una pura sensación, que además
no es la sensación de nada, sino de algo que reconozco como tu presencia en mí.
Solo entonces alguna imagen se une de pronto a mi reconocimiento. Te veo, pero
¿Desde dónde te veo?, ¿Cómo es posible que te vea si tu no estás? Si lo que veo
al abrir mis ojos, son algunos muebles, las paredes de mi cuarto, las ventanas
cuyas cortinas he dejado abiertas y el árbol más allá y tu ni siquiera conoces ese
arbol, nunca has estado demasiado aquí como para describir mi cuarto, más que
cuando te veo y tu no sabes que te veo? Sin embargo, te veo, absurdo no? Se que
todos somos capaces de imaginar, y entre muchas otras cosas lo que alimenta
nuestra imaginación puede ser el pasado. Pero, ¡Qué extraño es poder verte con
solo imaginarte y sin que mi voluntad intervenga, a la que imagino seas tú!
No se cuál es mi propósito. Ignoro por qué he confesado que muchas veces
despierto pensando en ti. Quizá quiera utilizarte como pretexto para contar una
historia, pero ¿Qué interés puede tener esa historia?¿una historia parte de
esta “Sobredosis Poetica” que nunca lee nadie? ¿Hubo una historia entre tu y
yo?
Tiene que haberla habido porque toda sucesión de acontecimientos va creando una
trama que tu y yo vivimos, tal vez sin darle importancia pero viviéndolo porque
nos atraía estar juntos. No se trata entonces de recuperar nada. Ya te lo dije,
no quiero evocarte. Solo se trata de que algunas veces estás presente y no
puedo dejar de reconocer que hay una historia que fue nuestra historia, aunque no
esté en ningún lado, del mismo modo que yo no sé dónde estás ahora y lo más
probable es que a ti no te preocupe en lo más mínimo, si acaso en algunas remotas
y fugaces ocasiones, donde estoy yo. Eso debe ser lo único que me seduce, que
me atrae y me conduce una y otra vez al deshilvanado tejido de mis recuerdos;
vernos como si ya no existiéramos. Algún día, en efecto, ya no existiremos y
sin embargo, para nadie, para el recuerdo de nadie, los aspectos que nada más
tu y yo podemos saber y a los que tendríamos que considerar como los que forman
nuestra historia, habría sido y en esa dirección son irrevocables, aunque para
lograrlo han pagado el precio, o pagarán el precio una vez que ni tu ni yo
podamos recordarlos, de no tener ninguna realidad. Pero entonces, ¿En dónde se
encontrará su carácter irrevocable? ¿En qué futuro o en qué lugar? ¿En qué
espacio sería el sitio donde el pasado que se ha salido del tiempo se convierte
en presente, a pesar de que, esencialmente, ya no es sino que tan solo fue y
por que fue está en ese espacio que alojará todo lo que alguna vez ocurrió y
que es imposible imaginar pues su dimensión tendría que ser la del infinito
que, como no tiene principio ni fin, no está en ningún lado?
Alguna vez me contaste de tu pasado, también me dijiste que estabas insatisfecha
con tu presente y te negabas a pensar en el futuro. Tenías razón. No sirve de
nada pensar en el futuro. Nadie tiene futuro. Tal vez yo estoy cumpliendo con
una predicción, pero tiene un carácter distinto al de aquel con el que la
hicieron. El presente hace falso el futuro que pretendimos imaginar. Y después
de todo, ¿Qué consecuencia puede tener ser el modelo para un relato? Ninguna.
Siempre se puede negar la veracidad del que te ha utilizado para modelo, porque
la verdad de los relatos no es la de la vida y en ellos todo se compone, se
desfigura, se acomoda para lograr verosimilitud que solo le es necesaria al
relato, de tal modo que el retrato nunca se parece al modelo. Pero bueno,
además, cuando tú me dijiste todo eso, lo único que pude pensar fue que eras
adorable en tu ingenuidad.
Recuerdo el momento en que nos conocimos y me recuerdo viéndote después, vestida
informalmente pero de una manera atractiva, con tu sonrisa sin edad y el pelo semilargo,
con tus movimientos en los que se afirmaba, una secreta coquetería, perno sin
ninguna necesidad de gustar y por lo menos a mi, por lo menos, me gustaste.
Salimos a aquel pedacito de pasto, camellón o como quieras llamarlo solos,
solos tú y yo, sin intermediarios, sin testigos, dos totales desconocidos, uno
para el otro.
Es muy bello contarte a ti lo que ya vivimos, lo que solo tu y yo sabemos, lo
que no necesitas leer ni probablemente vas a leer nunca, pero no estoy muy
seguro de por qué he sentido la necesidad de hacerlo. No estoy trazando tu
retrato, aunque sé que me gustaría que te vieras en ese retrato y al verte
supieras como te veía yo. Ignoro porque quiero hacerlo, del mismo modo que no
sé porque muchas veces despierto pensando en ti.
¿Me interesa averiguar si nuestra historia es una historia y puede contarse
para hacer que le pertenezca a todo el que quiera llegar a ella? No tendría
ningún sentido en relación con nosotros dos, ya que sabemos que nuestra
historia, es sí acaso la historia de una relación que no llegó a ser historia. ¿Pero
lo tendría para lo que fue nuestra relación?
No sé si recuerdes nuestra primera salida juntos, nme refiero a la primera
salida fuera de la prepa y sin intención de tocar guitarras…yo la tengo muy
presente.
Fuiste con un jeans y una polera marrón, que no me gustó. Pero eso no tiene
importancia, porque en cambio me gustó sentirte bajo ella cuando compramos
donas y me dejaste que te abrazara. Acuerdate, cuando me diste aquella rana
verde que ahora esta en el mueble de mi ordenador.
Sé que era delicioso y es más delicioso aún el recordarlo.
¿Por qué te admiraba tanto entonces, por qué me gustabas tanto? No lo sé pero,
bueno. Yo solo quería recordar cuan agradable era estar a tu lado y hacerlo
como una forma de homenaje a las virtudes a las que, probablemente, debes haber
renunciado ahora.
No hubo despedida entre tu y yo. Alguna vez, cuando nos permitíamos imaginar
proyectos irrealizables, después de haber imaginado largamente, era nuestro
placer poder imaginar.
La caja que me diste ese dia hace mucho
es maravillosa. No la he leído desde entonces. La armo y leo de vez en cuando y
me conmuevo al imaginarte escribiéndola, y creo que también, un poco, ante el
recuerdo de aquella tarde luminosa y banal en la que me la diste y por lo tanto
ante tu recuerdo y la unión entre tu y ella.
A partir del recuerdo de ese detalle todo se disuelve y solo que, ahora, al
cabo de tanto tiempo,
Muchas veces despierto pensando en ti.
POR FAVOR PRESTA MUCHA ATENCION A ESTO
QUE TE DIGO: ES IMPORTANTE
HE ESTADO PENSANDO EN TI, RECORDANDO DEL
COMO NOS CONOCIMOS, TRATANDO DE DIBUJAR EL TRAZADO QUE YA JUNTOS HEMOS VIVIDO.
TE QUISE EN EL PASADO, TE QUIERO EN EL PRESENTE, Y HASTA EN EL FUTURO SI ESTAS
CONMIGO.
CUESTA RESUMIR LO FELIZ QUE SOY CONTIGO.
NO ME IMAGINO SIN TU PRESENCIA, SIN TI NO PODRÍA SER LO QUE AHORA SOY, POR
ESTAR A LADO MIO.
TE PREGUNTARAS QUE ES LO QUE SOY?...
VEN DAME UN BESO Y TE LO DIGO,
SI QUIERES TE LO SUSURRO AL OIDO.
Caminando de acá para allá, como siempre. Sin novedad, la rutina como ley. Pero ese día algo me esperaba en el camino, ¿y qué era o, mejor dicho, quién era? Nada más y nada menos que un loco y, para colmo, ebrio y mendigo. Para ser mal día, ya era bastante. Traté de evitarlo, pero el destino ya me lo había impuesto. Sin embargo esto no era obstáculo para sacármelo de encima, pero decidí seguir el camino de las circunstancias imprevistas. ¡Y acá me ven!, a su merced. El loco se me acercó, con su ebriedad a flor de piel y su mendicidad enarbolada por sus harapos. Me habló muchas cosas al oído, no le presté atención (¿y quién le prestaría?). Me cogió del brazo. No me inmuté, pero solo para evitar que me haga daño (decidí seguir el lugar común: “a los locos hay que seguirles la corriente”). Mientras él me hablaba yo buscaba una moneda de poco valor para entregársela. Quería sacármelo de encima lo más pronto posible. ¡Qué dirá la gente!, esa era mi preocupación. ¡Imagínense en plena calle charlando con un loco! La verdad, era una locura, ¡qué ironía! Después de dos minutos el loco por fin se calló y me soltó el brazo. Fue en ese momento que le ofrecí la moneda más pequeña que cargaba en mi bolsillo. El loco no la aceptó. “Sus palabras y su tiempo no tenían precio”, algo así balbuceó. Antes de irse me dijo algo, y esta vez sí le presté atención. Tal vez porque ahora sus palabras no exigían contraprestación. ¡Esas palabras! Hasta ahora retumban en mi cabeza: “¿Sabes lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte”, esa fue su sentencia y su despedida. Sus harapos, su ebriedad y su locura fueron tras de él hasta perderse por una calle inmunda. (¡Sí, inmunda! No podía transitar por cualquier lugar, la sociedad le
había trazado su camino, ese que solo se reduce a un espacio físico; el
otro, el loco lo tenía bien claro, clarísimo. De este último la sociedad
ni siquiera tenía conciencia. Solo los locos se atreven a caer en las
profundidades, es ese su lujo, es eso lo que enarbolan bajo sus harapos,
bajo su ebriedad, bajo su locura). Su sentencia fue un puñal. Es cierto, no voy a ninguna parte. (No vamos a ninguna parte). He perdido el camino. ¿Qué camino?, ¿alguna vez lo tuve? Pobre loco, él de mí no sacó nada (tal vez porque sabía que no tenía nada que valiera la pena para ofrecerle). Yo de él saqué mucho, y sin pagar nada. Las cosas que realmente valen vienen así, gratis. ¿Qué otra enseñanza me hubiese dado este loco si le hubiera prestado
atención desde que empezó a hablarme?, de rato en rato, en tono de
lamento, me digo. Un pájaro ya mismo roza las nubes. Vuela, vuela a su antojo. El mar revienta sus olas contra las rocas, sin temor ni temblor. La flor crece, y no le interesa ser bella. Estas experiencias de libertad me avivan el pensamiento y me incitan a preguntarme: ¿Quiénes están locos? Esta vez el espejo de mi cuarto y el bullicio de la ciudad responden. Las escasas palabras del loco ya no están en el bullicio de la ciudad, lo sé porque mis conciudadanos lo han desterrado. “Era peligroso, su locura podría ser contagiosa. Además, daba mal aspecto a la ciudad”, eso dijeron al unísono en son de justificación… De convicción. Hoy la ciudad vive su “mundo feliz”. La “normalidad” está a salvo, el loco ha muerto. ¿Y quién, o quiénes, lo han matado? Otra vez el espejo de mi cuarto y el bullicio de la ciudad responden. Así son las convicciones, no solo llenan su canasta de tulipanes, orquídeas y margaritas, sino que siempre dejan espacio para la maleza. Y de esta, la gran mayoría de nosotros estamos hechos. El loco se ha ido, para siempre. No dejó herencia, salvo unos pocos papeles que alguna vez unió con un hilo entre dos tapas, aún se lee en una de ellas, “Así habló Zaratustra”. Corrijo: aún se leía, ayer alguien que quiso ser héroe los tiró al fuego. ¿Quién? Mira tu espejo. Para todos y para nadie